Viaje de un alcoholico en abstinencia a Marruecos

Un alcoholico con miedo a recaer

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En los primeros tiempos en que deje de beber me vía con una gran energía y muchas ganas de hacer cosas aunque también me invadía una sensación de vacío y porque no decirlo, de miedo. 

Miedo a un futuro incierto que no sabía como podría manejar, estaba en abstinencia por primera vez en toda mi vida de alcoholico y esto me hacia feliz por un lado pero me creaba una incertidumbre a cerca del futuro.

En los grupos de auto-ayuda me decían y repetían cada vez que sacaba el tema, “solo por hoy, compañero”. “Solo 24 horas a la vez” y debe ser así, de otra forma es para volverse loco.

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La teoria parece sencilla pero claro, luego te descubres a ti mismo con esos miedos y pensando en lo que no deberías.

En los meses que llevaba sin beber estaba haciendo las cosas bien (o eso me parecía a mi). La recaída no parecía cercana.

Si es verdad, que en aquellos tiempos, como en estos, cualquier cambio en mi vida por pequeño que este fuese me hacia plantearme mil interrogantes a cerca de como ese pequeño cambio podría afectar a mi abstinencia y en esto llego el tiempo de las vacaciones.

Estaba deseando cogerlas, ¿Quien no?. Pero a su vez significaba un nuevo reto, una adaptación a un cambio en mi rutina de vida.

Pensé en ello y tenía ganas de hacer mil planes y viajar, me apetecía viajar.

Preparado para disfrutar sin alcohol

Siempre había deseado conocer el desierto del Sahara y pensé, joer, si me voy a Marruecos allí el alcohol no está bien visto en general por lo que en bares y cafeterías será mas difícil el acceso al alcohol.

Y así lo hice,

Coji un avión a Marrackech y de ahí al desierto, sabía que en Marruecos se puede conseguir alcohol sobre todo siendo turista pero también sabía que habría que buscarlo y no estaría tan presente como en Benidorn, por ejemplo.

Fue una forma de adaptar mi ocio a mi enfermedad y me fue genial. Disfrute de Marrackech y sus mercados, de una cultura tan cercana y aun así, tan diferente. De ahi, a Merzouga y ya estaba en el desierto. 

Pasé allí unos dias  de ver mares de arena infinitos y me dio que pensar a cerca de la vida en aquellas latitudes del mundo, de como el ser humano debe adaptarse al sitio en el que vive.

Desde allí hice el camino en taxi y autobús hasta Tánger para desde allí coger el ferri a Algeciras. El plan era recorrer Marruecos de sur a norte por el interior, cruzando el atlas.

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Hubo de todo, me perdí en una estación de autobuses y era incapaz de encontrar un autobús a mi destino. En lo mas profundo de Marruecos olvídate de algo que no sea hablar marroquí, aquí no me funcionaban ni las señas, enseñaba el mapa y había quien parecia no saber donde estaban.

Nunca sabré si no sabían leer o es que los caracteres les eran tan extraños a ellos como a mi los suyos.

En fin de esta también salí, el viaje fue una experiencia genial. Disfrute muchísimo.

Los efectos de la abstinencia en un cerebro adicto

Pero también hubo momento malos y no fue por el alcohol, en aquella época sufría fuertes paranoias, me sentía perseguido a veces y aunque estaba medicado no conseguía que desapareciese del todo.

Un brote fuerte me dio en Chauen. Lo pase mal, me recuerdo encerrado en la habitación de la pensión esperando que ocurriese que se yo qué. En fin eso también paso y continue mi camino hacia Tánger.

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Según iba subiendo hace el norte del país también cambiaba la gente y algunas costumbres, todo el mundo te quería vender hachis, esto para mi no era un problema ya que aunque si fumé porros hace muchos años nunca me creo adicción o al menos yo no la note.

Deje de fumar porros de un día para otro y no volví a desearlo. 

Supongo que cuando estaba en activo como tenía el alcohol, los porros eran algo secundario en mi vida.

Decir que eran pesados en algunos pueblos es quedarse muy corto. También lo entiendo, para ellos un chaval mas o menos joven, con una mochila y vagando por allí, ¿Que va ha querer sino comprar hachis?.

Estereotipos típicos.

A parte de esto la experiencia me pareció extraordinaria, hasta entonces yo no había viajado a ningún país fuera de Europa.

Este choque de culturas me enriqueció. Me harte a tomar té y zumos. Y sería porque no lo busque, pero no recuerdo haber visto una sola botella de cerveza.

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