LA ULTIMA PROMESA

De pronto comprendemos que Dios está haciendo por nosotros lo que nosotros mismos no podíamos hacer.
ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 78

La última Promesa del Libro Grande se hizo realidad para mí el primer día de mi sobriedad. Dios me mantuvo sobrio ese día, y todos los demás días en que le permití a El obrar en mi vida. 

El me da la fortaleza, el valor y la orientación para cumplir con mis responsabilidades en la vida y para que pueda llegar a otros y ayudarles a mantenerse sobrios y a desarrollarse. 

El se manifiesta en mí, haciéndome un conducto de Su palabra, de su pensamiento y de sus actos. El trabaja con mi ser interior, mientras yo produzco en el mundo exterior, porque El no hará por mí lo que yo puedo hacer por mí mismo. 

Tengo que estar dispuesto a hacer Su trabajo para que El pueda funcionar con éxito a través mío. 

Septiembre Todos

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